330. Interrogando a Antojo
Ayudar a Antojito Matricaria se complicó bastante. Nadie
quería involucrar a Henbeddestyr Parry en la búsqueda de su hermano perdido.
Nadie sabía realmente por qué no querían hacer esto, pero así era. Él es una
persona tan amable que nadie quería asociarle con problemas de cualquier tipo,
aunque al ser apotecario ya veía más que muchos. Pero lo cabal era advertir a
Henny de que se iba a buscar a su hermano y eso se hizo.
“Intentad encontrar a
Umbriano si es lo que queréis hacer,” dijo Henny, “pero yo no tengo ni idea de
que hacer para ayudaros. Cuando acababa de desaparecer, yo hice todo lo que
pude por encontrarle. Pero nadie sabía nada. No había pistas, ni indicios ni
trazas, ni información de cualquier tipo. Ni siquiera fraudulenta.”
Una vez que Gentillluvia y Ricatierra hubiesen obtenido la aprobación de Henbeddestyr, todos concluimos el siguiente paso era hablar con la misma Antojito. No iba a quedar bien que fuese solo Gentillluvia, ni tampoco Ricatierra por su cuenta. Había que tener en cuenta a las malas lenguas. Pero podían ir juntos y así decidieron hacerlo. Y hubo otros que se quisieron sumar a esta expedición. La pequeña Neferclari había hablado con sus todavía más pequeños tíos, Azulina y Esmeraldo. Ambos estaban interesados en ayudar a Antojito porque la habían prometido intentarlo incluso antes de que se les ocurriese a los demás. La presencia de las gemelas azules fue requerida porque ellas habían propiciado el lío entre Antojo y Umbriano y podrían resultar útiles en cualquier momento.
Ambívolo Parry, padre de Umbriano y Henbeddestyr, también se apuntó, obsesionado a ratos con la idea de que su hijo había sido víctima de malas artes. En total, unas cincuenta personas que tenían razones para querer interferir en este asunto. Ambívolo, que es un prepotente cuando no está dudando de si mismo, insistió en consultar al Memorión, que todo lo sabe, aunque esto no está permitido, porque es lo que al pobre atareado hombre le faltaba, eso de tener que hacer de oráculo abierto al público. Belvedere sólo pudo decir que sería Antojito la que a su manera meandrosa les daría una pista que seguir. Aconsejó que todos estuviesen muy pendientes de lo que esta mujer decía para que no se perdiese esta información. Y eso que dijo Belvedere ya era mucho decir.Así que daba la impresión de que una muchedumbre iba a
atacar el dolmen cuando llegamos a la colina en la que se escondía Antojo del
mundo. No queriendo asustar a Antojo, todos salvo Ricatierra y Gentillluvia se
quedaron a una distancia prudente, aunque desde la que se podía escuchar
cómodamente cualquier conversación con Antojo.
Richi y Genti se sentaron con las piernas cruzadas delante
de la entrada al dolmen porque sabían que esto iba a llevar su tiempo, y
Ricatierra llamó a Antojo diciendo, “¡Hola, Antojito! Soy Richi. ¿Te acuerdas
de que cantamos un dueto cuando éramos del Coro de las Cabezas Coronadas? ¡El día que
llegamos a la mayoría de edad y nos emancipamos!”
Tras charlar algo en plan amistoso con Antojo para que se
fiase de ellos, Genti y Richi la informaron de que querían ayudarla a volver a
tener una vida normal. Y Antojo respondió, “Me encantaría ayudaros a ayudarme,
pero no creo que lo pueda hacer, Me siento conmovida, pero no puedo ayudar a
gente buena, y lo sois. Pero sí que os diré todo lo que sé de este asunto,
aunque sospecho que debido a la maldición bajo la que estoy, hablar podría
resultar contraproducente. Bueno, ahí
va.”
Se puso a contar, dando vueltas y vueltas al asunto, y tal
y como había predicho el Memorión, entre las muchas cosas que dijo Antojo, pues mencionó
que Umbriano había tenido una novia anterior a ella y que podría haber vuelto
con esa mujer. Desgraciadamente esa chica también había desaparecido. Pero eso
sólo contribuía a que Antojo pensase que pudieron haber huido juntos esos dos,
aunque no entendía por qué se escondían. Umbriano había roto con Antojo y era
libre de volver con su otra novia si así lo deseaba.
“Tiene que tratarse de esto,” dijo Gentillluvia. “Debe ser
lo que nos advirtió mi suegro. Nada más de lo que ha dicho Antojo conduce a ninguna
parte.”
“Siempre le he tenido mucho miedo a esa mujer,” dijo
Antojo.
“Entiendo que esta persona tiene nombre,” preguntó
Gentillluvia.
A Antojo le daba miedo pronunciar el nombre de su supuesta
enemiga, así que lo escribió en un trozo de papel y sacó el brazo por la
entrada del dolmen y Richi cogió el papelito y dijo “¡Uy, porras!” y se lo
entregó a Genti.
“Siempre le gustaron a Umbriano las mujeres conflictivas,” dijo Tito
Richi. “No como a mí, que sólo ligaba con fieras porque era lo que había
disponible. Él las admiraba. No busques más lejos, Genti. Tiene que ser esta la
que lanzó la maldición.”
Y Ambívolo Parry se puso a gritar y anunciar lo que haría
una vez que hubiésemos cazado a Malina Luzmala. Y Esmeraldo, molesto por los
gritos, le dio al gran hombre una patada en la espinilla.
“¿Qué?” dijo Ambívolo. “¿Pero esto por qué ?”
“Porque yo quiero ser un hada bienhechora. Y te estoy
haciendo el bien. Podría darte un ataque si sigues rabiando," le explicó el niño.


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