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miércoles, 7 de octubre de 2026

336. La vaca, el grogoch y el oráculo ámbar

 

336. La vaca, el grogoch y el oráculo ámbar

“Grogui,” dijo Neferclari, tapándose la nariz con el pulgar y el dedo índice.

“¡Por supuesto! Tiene razón la nena,” dijo Gentillluvia. “No vive en la isla, pero sí vive entre vacas y criaturas semejantes.”

Así que Gentillluvia averiguó dónde vivía en ese momento Grogui y eso resultó ser el establo de una granja propiedad de una familia humana. Y aunque no era precisamente un lugar conveniente al que ir, ahí fuimos. No porque no hubiese vacas en nuestra isla, que las hay, sino porque parecía lo indicado. Y fuimos afortunados en que Grogui nos recibió con una sonrisa de oreja a oreja, aunque también apestando tan indecentemente como siempre. Ahí estaba, cuidando precisamente de una vaca. Y también fuimos afortunados en que todavía quedaban llavecitas de San Pedro por ese lugar, y en que Grogui nos permitió coger las que quisimos.

“Las volveré a plantar en casa,” Richi le aseguró al grogoch, mientras recogía unas cuantas llaves. Él no tiene miedo al estiércol. Mis otros tíos sí. “No pueden morir, ni ajarse siquiera mientras estén conmigo.”

Y los tíos dejaron que Esmeraldo hiciese los honores de abrir el segundo cofrecillo rozándolo ligeramente con un ramito de llaves de San Pedro bajo el cálido sol del mediodía. Y al abrirse la caja de golpe, hubo un trompeteo y algo salió volando de ella y antes de que lo pudiésemos pillar una nube bajó del cielo hasta situarse sobre las cabezas de nuestros tres tíos, que eran los más altos de entre nosotros.

“¡Hola y bien hallados, tres de los cinco chicos Buenvecino!” dijo una señora cuya cara cuidadosamente maquillada parecía una porcelana y que había aparecido en la nube. Y también apareció su mano, con las uñas genialmente pintadas, y esta sostenía una ficha entre el dedo índice y el pulgar. Y supimos que había cazado al vuelo la ficha que salió de la caja. “Sé que hubieseis venido a visitarme de haber leído lo que pone esta carta, así que para ahorraros la visita he venido a veros yo.” La mujer, mientras decía esto, partía la ficha en trocitos y se los daba de comer a un cuervo que se había posado sobre su hombro izquierdo.

“¡Ámbar Sabia! ¡Hola a ti también!” exclamaron mis tíos al unísono. “¿Qué tal estás?”

“¿Eso qué importa? Estoy aquí, que es lo que cuenta. Debería bastar. No necesito estar rebosante de alegría para vosotros, ¿verdad? Útil sí espero ser. Hace como unos trescientos años yo estaba en el taller de Filo del Tiempo encargando cosas que necesitaba cuando apareció Malina Luzmala arrastrando a Umbriano Parra de Plata Parry. Mientras él se entretenía examinando unas copas de oro, Malina me susurró que estaba segura de que Umbriano sólo había cortejado a Antojo Matricaria porque alguien le había hechizado. Ella insistía que no podía ser de otro modo. A él no le podía haber gustado ese bol de suero sin cuajada soso y vomitivo de forma natural. Yo la dije que el suero era algo picante, así que no la valía esa metáfora. Si quería decir que Antojito era sosa, tendría que haberla llamado agua marina desalada, o algo así. Pero a Malina no la interesan las palabras, no es cuidadosa con ellas ni al maldecir. Y no es muy original en sus maldiciones, aunque sí muestra entusiasmo al soltarlas. Me dijo que dejase de decir bobadas e insistió en que yo la diese la razón. `Estoy aquí porque estás aquí tú. He venido a decirte que le has de informar a Umbriano de que fue embrujado. A mí no me cree, pero a ti sí te creerá. Se dice que lo sabes todo, así que le vas a decir que le embrujaron, sí o sí. Me da igual que sea cierto o no, aunque estoy segura de que tuvo que ser cierto. Se lo vas a decir, porque si no…no respondo de lo que te vaya yo a hacer a ti.´ Así de borde estaba Malina.”

Una palabra he de decir sobre Ámbar Sabia antes de seguir. Luego nos dijeron nuestros tíos que esta señora de enorme prestigio es apodada El Oráculo porque mucha gente la consulta cuando necesitan saber algo del pasado, presente o futuro que se les escapa. Mucha gente del reino de las hadas utiliza bolas de cristal y espiaderos y cabezas y tablas parlantes y artilugios semejantes, pero para las preguntas realmente difíciles acuden a Ámbar. Y ella les da buenos consejos además de la información que buscan. Informa correctamente casi siempre, y aunque es un oráculo y a los oráculos a veces no se les entiende bien, no lo hace mal. Ah, y voy a añadir que Ámbar Sabia es interesante de ver. Tiene pelo grande, que es del color del ámbar rojo, y es algo transparente y brilla como cristal. Una arañita ha quedado atrapada en él desde siglos ha. Dos de los tres ojos de esta señora son del color del ámbar verde, y el tercero, que se halla en el centro de su frente, es de ámbar amarillo, magnífico.

“Cuando yo confirmé las sospechas de Malina, sí, la dije, le embrujaron, pues ella me hizo repetir esto ante Umbriano. Él me escuchó con interés y todos pensaron que estallaría en ira por el mal genio que tiene, pero cuando estalló, fue de risa. Rió, y rió, y rió hasta que Malina le hizo parar. Se negó a enfadarse con quienquiera que le hubiese rociado con pulvis amoris. Aparentemente su experiencia fue grata y le hizo feliz haber sido embrujado. Él era la última persona que yo me hubiese imaginado que respondería bien a una bromita a su costa, pero demostró que no hay quién juzgue a la gente por sus antecedentes. Desgraciadamente, esto de que estuviese feliz le sentó de patada a Malina. Empezó a ponerle verde, y él comenzó a responder preguntándola quién se creía que era ella para decirle lo que podía gustarle y lo que no. Tuvieron una discusión atroz, lanzándose primero malas palabras, luego sapos y culebras – ¡Madre mía, cómo dejaron el taller de infestado! – y finalmente horribles maldiciones. Durante el intercambio de maldiciones, Umbriano desapareció, probablemente para evitar que aquello fuese a todavía mayores. Malina, al ver que se había quedado sola, empezó a jurar que cobraría venganza ella misma, puesto que no se podía contar con Umbriano para hacerlo. Y entonces ella también desapareció, envuelta en llamas y gritando amenazas como una loca. Y entonces una de las Áureas encontró algo que encontrareis vosotros también si sois cuidadosos. Pero en ese momento no le dimos importancia e incluso ahora no estoy segura de qué se trata y de que puede importar. Y ahora he de irme. Abur, guapitos.”

Y antes de que pudiésemos dar las gracias, se fue. Y nosotros también nos fuimos, pero no antes de agradecerle a Grogui las florecitas. ¿Y a dónde fuimos? Pues a la plantación de Ricatierra, para almorzar y para buscar un trébol de cinco hojas con el que abrir la tercera caja en la oscuridad.

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