322. Pequeños regalos y
grandes deseos
“Se parece a cualquiera,”
dijo Neferniki, un poco desilusionado, pues no había nada chocante en el
aspecto del bebé de Penny.
“Y demos gracias a Shai
por eso!” exclamó Pedubastis.
“Se refiere al dios
esipcio del destino,” Neferclari le susurró a Penny. “Tiene forma de cerdo pero
con la cabeza de una serpiente.”
Penny tragó saliva.
Entonces preguntó, “Creíais que mi bebé tendría veinte dedos en las manos y
cuarenta en los pies? Yo me lo estaba temiendo.”
“¿Por qué?” preguntó
Neferviki. “¿Qué aspecto tenía su padre? ¿El de un cerdo con cabeza de
serpiente? Los mortales no tienen cuarenta dedos en los pies. Se parecen a
cualquiera de nosotros.”
“¿Creéis que podría ser…como
su padre?”
“¿Mortal?” preguntó Nefernedi,
yendo directamente al grano.
“¿Cómo le vas a llamar?”
preguntó Neferclari para distraer a Penny de la idea de que su bebé pudiese ser
mortal.
“Tiene que anunciar su
propio nombre,” dijo Neferhari.
“Tal vez no pueda. Los
mortales no eligen sus nombres. Sus padres hacen eso por ellos,” dijo
Neferniki.
“No podemos saber si es
mortal todavía,” dijo Nefernedi. “La gata Iset me dijo eso.”
Iset era la gata de tres
colores que había explicado a los niños como nacen los niños mortales y los
medio mortales.
“Sí. ¿Cuándo podremos
saberlo?” preguntó Nefernedi.
“La mayoría de los niños
que nacen mortales son prácticamente siempre bastante mortales, ¿no? Puede que
tengan habilidades especiales, pero…” Penny dijo, preocupada.
“¡Ay, por favor! Dadle
algo de tiempo al bebé. ¡Acaba de nacer! ¡Sólo hace unos minutos!” exclamó
Pedubastis.
“Si es mortal, no tiene
tiempo. Podría morirse en cualquier momento,” dijo Nefernedi.
“¡Por supuesto que no!”
gritó Pedubastis. “Los mortales no se mueren el minuto que nacen. Bueno, al
menos no hacen eso mucho últimamente. ¡Ya está bien de preocuparse por
sandeces! ¡Cambiar de tema!”
Y Neferclari lo volvió a
intentar. “¿Cuál es tu nombre formal, Penny?” le preguntó la gatita a la mamá
novata.
“Pentafloris. Lo primero
que hice cuando nací fue recoger cinco flores. Las tenía en la mano cuando
aparecieron mis papis.”
“¿Y tú dijiste ese nombre
tan complicado cuando te preguntaron cómo te llamabas?” preguntó Nefernedi.
“Supongo que suena a más
culta de lo que yo soy,” suspiró Penny. “Nunca he mostrado ser tan lista ya
más. Mis padres me llaman Penny por los peniques que se encuentran en la arena
de la playa.”
“¡Tonterías!” dijo
Pedubastis. “¿Qué te está pasando? ¿Acaso tienes una depresión post parto?
Nunca ha habido nada mal contigo. Y no lo habrá con tu bebé. Estás en el lugar
correcto en el momento correcto. Los del templo te ayudaremos.”
“¿Tú tienes un apellido,
Penny?” preguntó Neferviki.
“Soy Pentafloris
Olacristalina.”
“Quiénes son tus padres,
Penny?” preguntó Neferniki.
“Mi padre es uno de esos hombres hada que llaman vagos de playa. Se levanta al mediodía y a veces sale a surfear por la tarde. Luego toca la citara cuando se alza la luna. Mi madre también es algo musical, a su manera. Ella se levanta al amanecer y hace resonar una concha para saludar al sol. Si le tengo que dar yo misma un nombre a mi bebé, porque no puede darse uno la pobre criatura, creo que será Sunny. Eso significa algo así como soleado.”
“No entiendo,” dijo Penny.
“Los mortales dicen que los bebés vienen con un pan bajo el brazo para asegurarse de que esos niños tendrán suficiente para comer. Pedi me explicó eso. ¿Pero dónde está el pan?” preguntó Neferviki.
“Estaba horneando pan cuando me llamó Penny y me acerqué a la arboleda de magnolios con un pan recién salido del horno en las manos. Seguirá allí el pan si las hormigas no lo han visto. Será para la criatura.”
Y nos fuimos todos de golpe a la arboleda de los magnolios a por el pan.
“¡Pues muchas gracias! Es el primer regalo que le dan a Sunny!”
Y todos los Atsabesitos se pusieron a buscar por todas partes para ver que podían regalar al bebé.
“¡Qué os traiga muy buena suerte!” dijo Pedubastis.
“¿Debería de comer esto mi bebé? La mejor manera de que un mortal se vuelva hada es comiendo comida de hadas. ¿No es así?”
“¡Oh, por la erecta e interrogante cola de Bastet! ¿Quieres dejar de preguntar bobadas? No vas a darle al bebé un pan como ese todavía. Leche con miel es lo que debe tomar. Incluso una criatura mortal toleraría eso. Puedes comerte tú misma el pan, preciosa. O guardarlo como recuerdo. Puede que funcione como un amuleto.”
Y Penny encogió el pan y se lo metió en el bolsillo porque estaba demasiado nerviosa para comer.
“¿Vas a volver ahora a la playa con tus padres los vagos?” preguntó Neferhari.
“¡Oh, por la ira de Sekhmet! ¡Por supuesto que no va a hacer eso! Eso puede que lo haga más adelante. Ahora regresará al templo y se quedará ahí hasta que sepa claramente lo que debe y quiere hacer,” dijo Pedubastis, “porque me parece que no tiene ni idea de lo que la viene encima.”
“Y tiene que llegar a saber si el bebé es mortal,” dijo Nefernedi, “ y si tenemos que volverlo inmortal lo antes posible. Eso es prioritario.”
“¡Regalos y deseos!” corearon los Atsabesitos, que ya estaban preparados para bendecir al bebé en sus pequeñas maneras.
Y Neferclari le dio al bebé la flor de magnolia más hermosa que había encontrado para que la criatura supiese lo que era la belleza y siempre fuese bella por dentro y por fuera.
Neferhari regaló un amuleto de escarabajo que tenía un brillo especial y que había comprado en la tienda del templo del gato para que el bebé siempre tirase para adelante, se encontrase con el obstáculo que se encontrase, y convirtiese desventajas en ventajas.









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