Los Atsabesitos estaban jugando a ¡Cucú! En una arboleda de magnolios que había en el Bosque
Triturado. Ellos se volvían invisibles y luego dejaban que sólo sus caritas se
volviesen visibles por un breve segundo entre las flores y hojas de los
árboles. Si yo, Dolfitos, el hojita intelectual, divisaba una carita, gritaba
el nombre de su dueño o dueña. Básicamente en eso consistía nuestro juego.
Puede que sea un juego tonto, pero disfrutamos jugando.
Y entonces Penny apareció, interrumpiendo nuestro juego.
“¿Dónde está Pedubastis?” nos preguntó.
“¿Por qué la buscas?” pregunté, sospechoso. Yo siempre
sospecho mucho. Es una característica de los hojitas.
Penny es una muchacha hada muy mona que siempre parece
algo desaseada, pero ese día parecía otra. Parecía algo hinchada.
“Es personal y urgente,” me contestó.
“No creo que Pedi sepa que estamos aquí en el bosque,” dijo
Neferhari. “No deberíamos estar aquí.”
“Yo siempre se dónde estáis, niños,” dijo Pedubastis,
apareciendo en la rama de un árbol y saltando a tierra. Cuando tocó el suelo se
había convertido en la persona egipcia que es. Nunca la habíamos visto antes
con forma de persona, únicamente de gata, así que estábamos muy sorprendidos.
“¿Qué sucede, bonita?” Pedubastis preguntó a Penny.
Y Penny, que estaba envuelta en un gran manto rosa, lo dejó
caer a la hierba.
“Necesito una comadrona,” dijo Penny.
“¡Ay, me cachis!” dijo Pedubastis. “¿Es de un mortal o de un
menguante?”
“De un mortal.”
“¿Por qué no te ha buscado una él? Las comadronas son casi
todas mortales. No hay hadas que sean comadronas.”
“¿Qué es eso que necesita Penny?” preguntó Neferedi.
“Calla, cielo. Luego os lo explicaré,” dijo Pedubastis.
“No estoy con él. Fue cosa de una vez.”
“¿Fue voluntario?”
“¡Uy, sí! Fue cosa mía del todo.”
“Mejor, entonces,” dijo Pedubastis. “Si caminas sola en
este asunto, nos vamos al Templo de Mayet.”
Y todos fuimos cubiertos por una espesa niebla y cuando la
niebla se disipó estábamos dentro del Templo del Gatito.
“¿Qué está pasando?” gritaron todos los Atsabesitos. “¿Por qué estamos aquí?”
“Esperad a que atienda a Penny y luego hablaremos,” dijo
Pedubastis.
La gata niñera habló con tres gatos del templo y ellos se
llevaron a Pedubastis.
“Salid a jugar al estanque. Intentad no ahogaros. Yo tengo
que acompañar a Penny,” dijo Pedubastis.
Los Atsabesitos ya no tenían ganas de jugar. Salieron fuera
pero no se metieron en la barquita que había en el estanque con forma de luna
creciente que rodeaba el templo. Lo que querían era hacerme preguntas.
“¿Esa quién es?” dijeron, cuando llegó una gata con una
mujer, ambas moviéndose muy decididas hacia el interior del templo.
“Es una mortal,” dijo Nefernedi. “Lo sé por la manera en
que la gata la sujeta con fuerza, y por la forma en que ella se agarra a la
gata. La han transportado. ¿Por qué hay una mortal aquí?”
“No sé si debería contestar a vuestras preguntas,” dije yo,
“pero sí que es una mortal esa mujer. No me hagáis más preguntas. Esperad a que
Pedubastis esté lista para hablar con
vosotros.”
“Se lo diré yo,” dijo una gran gata de tres colores que nos
había estado observando desde una distancia. Se nos acercó y dijo, “Tal vez
sois muy niños para entender, pero ya que habéis visto a Penny…”
Y les contó a los niños gato algo que no sabían.
“Los niños de las hadas suelen brotar de la nada. Eso lo
sabéis. Es lo que vosotros mismos probablemente hicisteis.”
“Somos niños encargados,” dijo Neferviki.
“Eso da igual. Vuestro padre es un hada y vuestra madre
también. Y vosotros surgisteis de la nada y los repartidores oficiales de críos
os encontraron en el acto y os
entregaron a vuestros padres. Pero lo que no me parece que sabéis es que las
hadas pueden tener hijos con los mortales. Si lo hacen, ellas llevan a sus
hijos en su interior durante un tiempo, como las mortales, y luego los dejan
caer al mundo. A veces necesitan la ayuda de una comadrona para hacer eso fácilmente.”
“Penny va a tener un bebé?” preguntó Neferclari.
“Sí. Y su padre o es un mortal o es un menguante.”
“¿Qué es un menguante?”
“Un hombre hada que se ha vuelto malo y que está perdiendo sus poderes por ello.”
“¿Qué ya no es mágico?”
“Que está en el proceso de degenerar de hada mala a mortal
malo.”
“Pierden sus habilidades especiales,” dijo Neferedi
sabiamente. “He oído de ellos, pero no sabía que les llaman menguantes.”
“Penny ha dicho que el padre de su bebé era mortal y buena
gente,” dije yo. “No necesitamos hablar de menguantes.”
“Esperemos que fuese un mortal majo. Para que ella tenga
suerte y su bebé sea majo también,” dijo la gata.
“¡Ay, vaya!” dijo Neferclari. “Me pregunto cómo será el
bebé.”
Y todos nos pusimos a subir y bajar las escaleras del
templo impacientes, esperando ver cómo sería el bebé que Penny iba a tener.


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